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miércoles, 24 de junio de 2015

LOS RESPETABLES






LOS RESPETABLES
                                                 (Artículo de 1916)


     Una vez más necesito decir, necesito gritar que no hay nada en el mundo que me reviente más que los respetables. Cada dos o cada tres años, este odio de los respetables, que siento desde que era niño, se me sube a la cabeza con tal fuerza que no tengo más remedio que abrirle la válvula de las confidencias, porque sé que si no se la abro me muero. Creo que en el mundo la única plaga verdaderamente grande e incurable es la plaga de los hombres respetables. Dadme un bandido, un matón, un jaguar, y lo mandaré a una trinchera y no pasará un mes sin que haga una sonada y se convierta en héroe. Dadme un bribón, un trapacista, un zorro, y le enseñaré finas maneras y cuatro lugares comunes y será una eminencia en el campo del comercio, de la abogacía, de la burocracia o de la diplomacia. Pero, por Dios, no me déis nunca al hombre tieso y grave cuyo instinto más fuerte, o cuyo único instinto, es el de la respetabilidad, porque nunca sabré qué hacer con él, sino pedirle con todo fervor al cielo un rayo que lo parta o un infierno que se lo trague.     
     El hombre respetable no tiene su centro de gravedad en sí mismo, sino en los demás. Lo que los demás crean bueno, él lo tendrá también por bueno y lo convertirá en norma inflexible de su vida. En todo entierro vestirá de negro y hablará en voz baja, y parecerá triste, no porque le importe un comino la muerte o la vida de nadie, sino porque se trata de un entierro y otra conducta no sería decorosa. (A este hombre sangrigordo no se le cae nunca la palabra decoro de la boca). En una boda es diferente, en una boda le verán ustedes, eso sí, comedido y cuidadoso, como siempre, de su ropa y su ademán; pero estará animado, casi alegre, y hasta se permitirá un chistecito, el mismo chistecito discreto y recortado a tijera que soltó en la otra boda y que soltará en la venidera; porque hay que advertir que este hombre abominable va a todos los entierros y a la mayor parte de las bodas. Y lo mismo que en la boda y en el entierro estará en la tertulia de la botica, y en la iglesia o la logia, y en la audiencia, y en el teatro, y en la reunión social o política, y en la calle y en el trolley; y en donde quiera que esté o dondequiera que vaya, su preocupación única, avasalladora, perenne, será parecer bien, no desentonar, gozar de la buena opinión de las gentes. A él poco le importa ser: su único anhelo es parecer. Parecer serio, buena persona, formal, bien educado, intachable. De la misma manera que su traje no tiene una arruga, porque antes de ponérselo lo cepilló y lo limpió cuidadosamente, en su alma no hay jamás tumultos de ideas, ni surcos de melancolía o de inquietud, ni nieblas de recuerdos o de ensueños: todo en ella está en orden, todo clasificado, medido, catalogado, cepillado y limpio y colocado pulcramente en su sitio. ¿Hablar mal de nadie? Jamás. Esto compromete; esto puede traerle enemistades, malas consecuencias. Además, él no odia. No odia, porque no ama. Y no odia ni ama, porque esto de amar y de odiar nada deja, y él sólo está atento a aquello que deja. Además, amar y odiar requieren corazón, sangre, nervios, carne y hueso, hunanidad, y él no es un hombre, él es una máquina, un autómata, un maniquí siniestro hecho para simular acciones, palabras, movimientos, impulsos humanos; pero no para sentir o para pensar. Con la misma impasibilidad con que le coloca a un héroe una medalla en el pecho, o una corona al poeta, solicita una sentencia de muerte, o la pronuncia, o la ejecuta. Y este hombre condenado que jamás se sale de sí mismo, que jamás peca porque jamás siente; este hombre gris de alma glacial donde no hay nada verde; este autómata absurdo que cruza indiferente, insensible, muerto, por un mundo convulso de dolor, de anhelo, de miedo, de amor y de odio, de gozo y de rabia; este hombre de cemento que debiera llevarse a un museo o a la cárcel, es el que, por virtud de una organización social  estúpida e infame hecha para el triunfo de lo muerto, vence siempre, manda siempre, estrangula siempre a todos y estrangula a la Vida con el dogal inexorable de su criterio de egoísta inhibición, de cobarde negación, de vil y canalla y cochina conservación, que es lo mismo que decir estancación, tumefacción, putrefacción de todas las cosas.     
     Hombre ropero, hombre panteón, que le quieres imponer el ritmo de tu paso de momia a la vida, hombre respetable que me aburriste en el entierro y me sublevaste en la boda y me exasperaste en la tertulia de la botica, y me martirizas y me hielas con tu ropa y tu cara y tu ademán donde quiera que voy: si hay infierno y gloria, y tú -que jamás pecas- subes a la gloria, ya lo sabes: a tí y a nadie más que a tí le deberé el gran favor de encontrar simpático al demonio y de sentirme cómodo y contento y feliz en el infierno.





VOCABULARIO




  1.Reviente= Que desagrada, agobia, fastidia.
  
  2.Plaga= Calamidad, infortunio, desdicha.
  
  3.Jaguar= Persona cruel y sanguinaria.
  
  4.Sonada= Se dice de un hecho memorable divulgado con mucho ruido y admiración.
  
  5.Trapacista= Persona que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto.
  
  6.Zorro= Astuto, pícaro, taimado.    

  7.Avasalladora= Que tiene el poder para dominar.
  
  8.Desentonar= Discrepar, disentir, diferir.
  
  9.Tumultos=  Inquietudes, preocupaciones, curiosidades.  

10.Glacial=  Que no tiene afecto. 

11.Convulso= Crispado, conmocionado, alterado.

12.Cochina= Repugnante, repulsiva, despreciable.

13.Botica= Farmacia.




jueves, 11 de junio de 2015

LA MORAL INMORAL






LA MORAL INMORAL
(Artículo de 1915)


     

     Esta "moral inmoral" es la de los cines, según la afortunada frase de Mr. Dell, un notable escritor inglés (o americano) acerca de cuya reciente opinión sobre los dramas cinematográficos acabo de ver un magistral artículo en el "Current Opinion" de este mes.
     Los cines tienden, dice Mr. Dell, a producir en poco tiempo una completa anquilosis moral de la comunidad. Como demostración de este aserto, Mr. Dell cita el caso de la versión cinematográfica del conocido drama "Los Espectros", de Ibsen. El cinematógrafo ha cogido este drama y ha practicado en él una horrorosa mutilación. Ha dejado en pie la parte meramente superficial, esto es, trama, personajes, escena, episodios, etc., pero le ha quitado la esencia, esto es, el ambiente moral ibsenista. Ya sabemos que Ibsen, como todo hombre de genio, era un hombre inmoral, esto es, enemigo encarnizado de los principios de la moral convencional. Y para atacar, para ridiculizar estos principios de moral corriente, concibió su drama "Los Espectros", en el cual el personaje principal, Osvaldo, se vuelve loco precisamente a causa de que su señora madre fue tan virtuosa que obligó a su padre a buscar, por único lenitivo a la insufrible pesadez de su hogar, la sociedad de mujeres de mal vivir que contaminaron su sangre con el horrendo virus de una enfermedad, muy conocida, que heredó su hijo. Vemos, pues, que en el drama de Ibsen la culpa de todo la tiene la virtud, fría y cruel como toda virtud, de la madre de Osvaldo; y más todavía la del pastor Manders con quien ella quiso fugarse en un rapto de desesperación, y quien austeramente le ordenó a la pobre mujer que volviese al lado de su marido. Y de todo esto, el inmenso genio del divino Ibsen hace que se destaque todo cuanto de estúpido y de odioso tiene la teoría convencional de la santidad del matrimonio. 
     Pues bien; en el cine todo queda lo mismo, menos la moral de la obra. Ya no es la madre de Osvaldo, sino el padre, el culpable de todo. Ya no es la virtud de puerco espín de la madre, como quiso Ibsen, la que produce la tragedia, sino el vicio del padre, a quien se hace aparecer como un bandido que se casa a sabiendas de que padece una terrible enfermedad transmisible por herencia, y que, además, le enseña a su inocente hijito a beber cerveza; de todo lo cual se infiere que es un mal hombre, cuando en realidad era, cuando salió de la cabeza de Ibsen, un pobre hombre incapaz de mirar mal a una pulga, pero sanmente, normalmente aficionado al placer. La esposa y madre del cine, en cambio, nos la pintan como una santa y una mártir, y nadie adivinaría que Ibsen la creyó culpable. Pero aún hay más. En la escena final del drama, según la escribió Ibsen, es la madre de Osvaldo quien da a éste por su propia mano el veneno. Pero esto ya es mucho para el cine. Y vemos en la cinta que Osvaldo se arrastra por el suelo haciendo muecas y llega hasta la mesa donde está el veneno y lo toma con su propia mano. Vienen entonces la madre y el pastor, y aquélla, horrorizada ante el cadáver de su hijo querido, cae sin sentido en los brazos protectores del pastor... ¡Virtuosa hasta el fin!
     Y dice Mr. Dell: "Así, esterilizadas, castradas, completamente inofensivas, se representan tales obras maestras ante el público de los cines. Toda la hiel, toda la fiebre del pensamiento, de la duda, de la curiosidad... queda eliminada. Se conserva, sin embargo, la cáscara, y aquellos que han visto la cinta creen que han visto "Los Espectros" de Ibsen, según reza el anuncio, cuando en realidad lo que han visto es un mamarracho propio de un kindergarten. Y de este modo se le roba al arte su ponzoña, su verdad, el secreto eterno de sus nobles triunfos". Otro escritor, William Marion Reedy arremete contra el cine y dice: "Los dramas del cine son casi siempre un insulto a cualquiera inteligencia que esté sobre el nivel de las novelas por entregas  (the dime novel)."
     Señoras y señores: no saben ustedes con el gusto que yo reproduzco estas opiniones que de un modo tan fiel coinciden con las mías. Yo también, yo también reclamo el honor de haber dicho pestes, hace más de un año, en la malograda "Revista de las Antillas", de la babosa y apestosa moral del cine.
     Cuando ya la tontería humana parecía cansada de tragarse en el teatro embelecos artísticos en que se peca de una manera atroz contra la psicología y el buen gusto, en nombre de una moral de catecismo que no convence ni a los niños, viene el cine a servirle de vertedero a los autores chirles, y otra vez tenemos el innoble espectáculo de la tontería humana tragándose embobada todo cuanto de falso y de feo y de memo queda por el mundo disfrazado de arte. Y, gracias al cine, sigue triunfando y perpetuándose la mojigatería de nuestros bárbaros antepasados, con la cual y por la cual se cometió y se sigue cometiendo el atroz crimen que consiste en tratar de meter todo el perfume de la vida en un grosero y fétido zapato de patán.




VOCABULARIO




  1.Moral= Cualidad de las acciones humanas con respecto al bien y al mal. Valores de una persona o una colectividad que se consideran éticamente aceptables.

  2.Anquilosis= Disminución o detención de algo en su progreso.

  3.Virtuosa= Que su comportamiento se ajusta a las normas o leyes morales (ver núm.1).

  4.Lenitivo= Medio para mitigar la pena o el sufrimiento.

  5.Fría= Insensible, indiferente, desafecta.

  6.Rapto= Impulso, arrebato, resolución.

  7.Esterilizadas= Purificadas, purgadas, depuradas.

  8.Castradas= Mutiladas, apocadas, menguadas.

  9.Hiel= Pesares, disgustos, penas, tristezas.

10.Fiebre= Entusiasmo con que se realiza una actividad.

11.Mamarracho= Cosa defectuosa, imperfecta.

12. Chirles= Insulsos, triviales, insustanciales.

13.Mojigatería= Hipocresía, simulación, farsa.

14.Fétido= Hediondo, pestilente, maloliente.

15.Patán= Hombre palurdo, rústico, ordinario.






lunes, 25 de mayo de 2015

UNA CASTA SAGRADA






UNA CASTA SAGRADA
(Artículo de 1916)



     Desde niño estoy oyendo hablar con respeto, casi con veneración, de la clase contribuyente. Esta clase contribuyente, a juicio de muchos, debe ser la más favorecida, la más mimada por las leyes, ya que ella es la que paga los gastos de la administración pública. Ahora mismo nuestros legisladores, mejor dicho, los empingorotados legisladores americanos que legislan por nosotros, legisladores que no ven más allá de sus narices, han decretado que pierden el voto nuestros analfabetos todos; todos, menos aquellos que paguen tres o más dólares de contribución. A estos, así no hayan visto un tintero en su vida, no les alcanza la tiránica expoliación. Estos carecerán de letras, pero no de capacidad; (ya se sabe que la falta de capacidad de los analfabetos es el burdo pretexto). Y no carecerán de capacidad, aunque carezcan de letras, porque pertenecen a la clase sagrada, a la casta sacrosanta de los contribuyentes. Pues bien; cierto certero y malhadado instinto que he tenido siempre de las grandes injusticias sociales, me llevó a preocuparme de estos fueros de que goza en todas partes la clase contribuyente, y de esta preocupación he venido a parar al descubrimiento de que en este punto también es disparatado y maligno el sistema social que nos oprime y descoyunta desde la cuna. ¿Quién le ha dicho a nadie que los que tienen bienes sujetos a contribución son los únicos contribuyentes? Precisamente los más ricos, los que le pagan al Tesoro más, son los que en realidad menos contribuyen. Parece una paradoja, pero es una verdad como un templo: los mayores contribuyentes son los menores contribuyentes. Y no me abra nadie la boca creyendo que he dicho un desatino, porque aquí el único desatino, el desatino mayúsculo y bárbaro lo cometen únicamente los rutinarios, los que juzgan de las cosas por la superficie, los que no se paran jamás ni un minuto a preguntarse en serio si lo que les enseñaron sus padres o sus maestros será o no un nauseabundo disparate, conservado y transmitido con veneración de padres a hijos. ¿Quiénes son, dónde están, cómo se llaman los verdaderos, los únicos, los más grandes contribuyentes? Pues son los pobres, y están en todas partes, pero más en el campo que en la ciudad, y se llaman una veces jíbaros y otras obreros. Y donde quiera que estén y como quiera que se llamen, son ellos los que más contribuyen. Sí, amigo don Juan, amigo don Antonio y amigo don Pedro: aunque cada uno de ustedes tiene, de buena fe, la creencia de que el camino y la calle y la luz y el ferrocarril y la escuela y el acueducto deben ser iniciados por ustedes y para ustedes, por la razón, aparentemente apabullante, de que cada uno de ustedes contribuye con mil, con diez mil, con veinte mil monedas para los gastos públicos, es lo cierto que por debajo de ustedes, muy abajo, está alguien que contribuye más, mucho más que ustedes. Ese alguien, que está tan abajo que ustedes casi no le alcanzan con la vista, anda sucio, desgreñado, descalzo y haraposo; pero, os lo digo otra vez, contribuye mucho más que ustedes. Porque, mientras ustedes contribuyen con dinero, con más o menos dinero, ellos contribuyen con su sudor, con su fatiga; con su espinazo doblado todo el santo día, bajo el furor del sol, sobre la tierra mojada o tostada de ustedes; con su ahinco, con su afán, con su miseria, con su dolor de carecer de todo, con su hambre, con su sed, con su sangre, con su salud, con su fuerza, con su alegría, con su orgullo, con su vida. ¿Creen ustedes que es floja la contribución ésta? Pues ¡ca! vamos a ver ahora mismo quién de ustedes, mis queridos y gordos amigos don Juan, don Antonio y don Pedro, se lanza a la vega con azada en mano y me trabaja al sol, por una sola vez siquiera, durante seis horas. --"Pero es que- me diréis-- es que, aún admitiendo que ellos dan todo eso, es lo cierto que lo dan porque nosotros con nuestro dinero les suministramos el medio de darlo."  Muy bien, muy bien. Ustedes con su dinero son los que les exprimen su sudor: muy bien. Pero ¿qué vale más, el dinero de ustedes o la vida de ellos? Seguro estoy de que sois unas buenas personas; pero más seguro estoy todavía de que en vuestro fuero interno estáis contestándome, con una sonrisita socarrona, que vale más el dinero de ustedes que la vida de ellos. Pero yo os lo vuelvo a preguntar: ¿y quién le hace más falta a quién? ¿Ustedes con su dinero a ellos, o ellos con su trabajo a ustedes? Si ellos, miles y más miles de ellos no hubieran trabajado, ¿tendrían ustedes su dinero? Ahora mismo, que se les castiga por no saber leer ni escribir, si ellos, obedientes a la lección del imbécil castigo, dejan bruscamente el campo o el taller y se vienen todos en tropel al pueblo pidiendo que les enseñen a leer y escribir, ¿a cuántos de ustedes dentro de un  año les quedaría una mísera peseta? ¿No ven ustedes, hombres de Dios, que su empingorotado capital de ustedes no puede subsistir sin ellos, y que ellos, en cambio, sin el capital de ustedes, seguirían teniendo brazos, que es todo cuanto necesitan para vivir?... ¡Ay, mis buenos pero incomprensivos amigos don Juan, don Antonio y don Pedro!...




VOCABULARIO




  1.Empingorotados= Elevados, engreídos, presuntuosos, soberbios.

  2.Expoliación= Despojo, usurpación, privación.

  3.Burdo= Vulgar, ordinario, grosero.

  4.Casta= Clase, condición, categoría.

  5.Malhadado= Desventurado, infortunado, desdichado, desgraciado.

  6.Fueros= Privilegios, exenciones, concesiones.

  7.Descoyunta= Que desquicia, perturba, altera.

  8.Verdad como un templo= Aquella que es evidente o la que se tiene por tal.

 9.Rutinarios= Personas que tienen el hábito de hacer las cosas sin pensarlas.

10.Apabullante= Imponente, formidable, excepcional.

11.Ahinco= Empeño, tesón, fervor, perseverancia.

12.¡Ca!= Interjección negativa de carácter popular que indica sorpresa, disgusto, enfado.

13.Socarrona= Burlona, irónica, sarcástica.






jueves, 14 de mayo de 2015

INGLATERRA Y RUSIA






INGLATERRA Y RUSIA
(Fragmento del artículo de 1915 Inglaterra y Rusia)


     
     Una de las cosas que me han gustado más en esto de la guerra es que sean precisamente Francia, Inglaterra y Rusia las naciones aliadas. Porque, si Francia me parece digna de perdurar en el mundo como gran nación, por el delicioso refinamiento espiritual de que siempre dio muestras, creo también que Inglaterra y Rusia  deben subsistir. ¿Por qué?
     Desde luego que no voy a disertar extensa y brillantemente sobre esta cuestión.  Sé muy poco de asuntos internacionales para poder aspirar a enseñar algo. Pero, a título de mera impresión, afirmo que Inglaterra me parece la nación más capacitada para gobernar pueblos que, después de Roma, hemos podido ver en la ciclópea tarea de fundar y conservar imperios.
     Aquel sutilísimo arte de gobernar colonias que tenía Roma, "apretando sin ahogar" a los pueblos que caían bajo su mano, ambiciosa pero sabia, lo heredó Inglaterra, única nación que ha podido dar al mundo el curioso espectáculo de que a la hora del gran peligro rivalicen en espontánea adhesión a su causa los habitantes de Londres con los hijos del Transvaal, Canadá, Australia e India.
     Yo no simpatizo ni mucho ni poco con el cargante puritanismo inglés. Este puritanismo, cuando es falso, esto es, hipócrita, me indigna; pero cuando es sincero, esto es, feroz, me espanta  y me enferma. ¡Qué lástima que Inglaterra tenga esa llaga odiosa del puritanismo!
     Pero, puritánica y todo, brindo por Inglaterra, cuyo certero instinto político la ha llevado a comprender, antes que nación alguna, que para hacer estable y fecunda una conquista, al dominio del suelo por medio de la fuerza, tiene que seguir inmediatamente, como en el Transvaal, el dominio de las almas, por medio del respeto y la bondad.
     Gracias a esa Inglaterra, a la cual obsequiamos con el motecito cursi de "pérfida Albión", no ha llegado a ser regla universal que la condición de colono sea incompatible con la de persona decente; y aunque no tuviera otro título a la simpatía nuestra que éste de que hablo, con éste solo basta y sobra para que nos sintamos obligados a rezar por ella en esta hora solemne.
     Cuanto a Rusia, lo único que puedo decir es que casi no sé por qué la quiero, pero la quiero de todo corazón. Desde que era muchacho y me enseñaban geografía, tenía para mí un enorme hechizo la parte del mapa europeo en que se destacaba Rusia. Todavía recuerdo que la Rusia del mapa era verde...y era quizás por este color verde, evocador de mis ensoñadores montes de Jayuya, que yo experimentaba una inefable sensación de bienestar cuando mis dedos resbalaban por el mapa buscando a Moscow o al río Niemen. Fui hombre después; llegué a la edad del pavo, y en esta abominable edad del pavo me dio por odiarla, sencillamente porque era una monarquía absoluta y tenía un zar -y yo era cursi. Y ahora que los zares me parecen, por regla general, más interesantes y vistosos que los fastidiosos presidentes de república, he sentido renacer mi antiguo amor por Rusia y a ella también le rezo. La quiero y le rezo, porque a la buena impresión de niño que la Rusia del mapa me hizo, impresión que aún perdura, he tenido luego que agregar impresiones de libros, de libros rusos,que me han encantado.
     Nombres enrevesados y queridos de Turgueneff, Tolstoy, Gorki, Dostoiewsky y Tchekhoff: caed sobre este papel, no para pedantear vilmente con vosotros, sino para que sepan las gentes que es a vosotros a quienes debo el haber gustado el recóndito sabor del alma muy joven y muy vieja, de alma rara, romántica y cálida que hay en el pueblo ruso. Y casi tanto como los escritores rusos me gustan sus músicos, lo poco de su música que conozco, llena de una fuerza de sinceridad y de un fulgor de originalidad poco fácil de hallar en la música selecta de otras naciones.
     Una pena tengo muy grande, y es que en todos los días de mi vida no he tenido ocasión de conocer, ni de lejos ni de cerca, a ninguna hembra rusa. He conocido y amado muchas en los libros, pero ninguna en el mundo, y esto me desespera. Porque, si las de la realidad son como las de los libros, ¡qué espléndido bocado debe ser un bocado de rusa...! No; no permitan los dioses que se pierda Rusia.


 

VOCABULARIO




  
  1.Ciclópea= Gigantesca, extraordinaria, enorme.

  2.Transvaal, Canadá, Australia, India= Antiguas colonias de Inglaterra que pelearon a su lado durante la Primera Guerra Mundial.

  3.Cargante= Fastidioso, insoportable, enojoso.

  4.Llaga= Mal, defecto, tacha.

  5.Puritanismo= Parte radical del protestantismo cuyos dogmas más importantes son: el énfasis en el estudio privado de la Biblia, exclusión de imágenes, velas, etc., guardar como obligatorio un día de la semana y la no celebración de festividades tradicionales.

  6.Pérfida Albión= Expresión utilizada para referirse despectivamente a Inglaterra. Pérfida por su oposición a la fe católica romana y Albión del latín "albus" (blanco) en referencia a los acantilados de Dover, al sur de Inglaterra, de un característico color blanco.

  7.Jayuya= Pequeña población en la Cordillera Central  18°13′00″N 66°34′00″O de la isla de Puerto Rico y cuna de Nemesio R. Canales.

  8. La edad del pavo= La adolescencia.

  9.Cursi= Que con apariencia de elegante es ridículo y de mal gusto.

10.Fastidiosos= Inaguantables, insoportables, desagradables.

11.Enrevesados= Difíciles, complicados, enredados.

12.Espléndido bocado= Se usa para encarecer la excelencia de ciertas cosas que no son de comer.






domingo, 26 de abril de 2015

CERDOS O TIGRES




CERDOS O TIGRES
(Fragmento del artículo de 1915 Cerdos o Tigres)


      Muchos hombres inteligentes se lamentan de la sangre, de las lágrimas, del dolor, en fin, que produce la guerra, pero yo les pregunto: ¿es que este estado de sangre, de lágrimas y dolores de todas clases es peculiar sólo de la guerra? ¿es que el mundo estaba tan bien organizado que era un paraíso antes de la guerra?
     No; no era un paraíso, ni siquiera un purgatorio. Por la estupidez secular de los hombres, lo que pudo ser un paraíso lo hemos vuelto un corral o pesebre mucho más odioso que un infierno. Restricción aquí y restricción allá, para lograr relativo bienestar, las más de las veces puramente físico, necesitamos dejar de ser hombres, abdicando de cuanto de noble y generoso tenemos en el alma, para volvernos raquíticos, sórdidos, viles, ramplones, mercenarios, solapados, traicioneros; sucias y despreciables alimañas reventando de baja codicia.
     Una de dos: o es uno tan mediocre, tan poquita cosa, que no le hace sombra a nadie, y consiente de buen grado en seguir la rutina, el camino trillado por donde han ido los muchos burros inconscientes y satisfechos que en el mundo han sido, o es uno de esos hipocritones cejijuntos y apestosos a respetabilidad que están dispuestos a cualquier infamia, siempre que esta infamia la puedan realizar impunemente, sin choque con la ley y sin escándalo de nadie. Y como este último camino de la hipocresía es incompatible en todas partes con toda fuerte organización de hombre superior, de ahí que sólo los listos, los hábiles, los astutos, las felices medianías flexibles de espinazo, los hombres de tipo medio, en fin, cuya mentalidad está tan lejos de la del hombre superior como de la del mediocre, sean los que tienen la vía ancha y expedita desde que nacen para llegar a todas las cumbres políticas y sociales.
     Y ahora déjeseme volver a preguntar: ¿un mundo así, donde para aspirar a un poco de bienestar es preciso ser nulo o bribón, vale la pena de poner empeño en mantenerlo en paz? No. Lo dije otra vez y lo repetiré machaconamente un millón de veces: puesto que la paz de que gozamos es una ficción burda ya que lo cierto es que vivimos como perros hambrientos disputándonos ferozmente los pocos mendrugos que nos caen de la mesa de los tres o cuatros potentados de cada país, bien está que a la pelea solapada, mañosa y rastrera que sosteníamos, suceda la pelea franca y noble de los campos de batalla donde va el hombre a engrandecerse con la grandeza trágica del minuto supremo en que siente que su vida es de vidrio y va a romperse. De esa gran convulsión social y política, es indudable que algún cambio ha de sobrevenir. Y como peor de lo que estamos no podremos estar --porque ninguna evolución humana, como ésta del capitalismo a que hemos llegado, puede hacer del hombre un esclavo más abyecto y torturado de lo que es hoy-- es evidente que debemos dar gracias a los dioses, y hasta caer en la cursi majadería de cantar himnos, por el advenimiento de esta santa y bella explosión de ira que llena de cadáveres los campos europeos.
     Sí; que siga la zambra y que corra a torrentes la sangre de los hombres, si es que de esa sangre derramada ha de surgir un cambio. Y si no ha de surgir un cambio y hemos de escoger entre seguir viviendo como cerdos o matarnos como fieras, que siga de todos modos la zambra y que corra a torrentes la sangre de los hombres y que sea la matanza nuestro único ideal. Que mejor es matar de un zarpazo o morir de un zarpazo, que ir echando barriga y volviéndose respetable, a fuerza de negación u ocultación de sí mismo, en esta necia vida gazmoña y cochina que vamos viviendo...
 
 


VOCABULARIO





  1.Cerdos= Hombres indecentes, deshonestos, desvergonzados.

  2.Tigres= Hombres crueles, inhumanos, sanguinarios.

  3.Cejijuntos= Ceñudos= Con gesto de concentración, seriedad o preocupación.

  4. Expedita= Libre de estorbos u obstáculos.

  5.Nulo= Incapaz, inepto.

  6.Machaconamente= De forma reiterada.

  7.Abyecto= Vil, despreciable.

  8.Cursi= Que con apariencia de elegancia es ridículo y de mal gusto.

  9.Majadería= Bobería, simpleza, necedad.
    
10.Zambra= Fiesta con bulla y regocijo.

 
11.Gazmoña= Mojigata, santurrona, hipócrita.
 
 
 
 
 


lunes, 13 de abril de 2015

ME DIJO Y LE DIJE [II]






ME DIJO Y LE DIJE [II]

(Fragmento del artículo de 1915 Me Dijo y le Dije [II])


     

Me dijo:--Estoy harto ya de la guerra europea. No se habla de otra cosa hace ya meses y esto no hay quien lo aguante.

Le dije:--Yo creo todo lo contrario que usted. Creo que todo lo que se habla de la guerra, es poco. En realidad, no deberíamos hacer otra  cosa que hablar de la guerra.

Me dijo:--Pues yo me pondría en el pecho la medallita que puso en boga un comerciante de Madrid, y que decía: "No me hable usted de la guerra."

Le dije:--Eso de la medallita es una gran necedad. Precisamente, si por algo me alegro de vivir en este tiempo es por haber podido asistir al desarrollo de este acontecimiento de la guerra, que es el más grande que hombre alguno ha podido presenciar.

Me dijo:--Pues amigo, con franqueza, no lo creía tan tonto. ¡Miren que enamorarse de una guerra bárbara y feroz que no significa sino el desastre, el desmoronamiento definitivo de la civilización europea!

Le dije:--Sí; no ha habido jamás mujer alguna que me haya inspirado un amor tan grande como el que me está inspirando la guerra. Figúrese usted: yo me hubiera ido para el otro mundo pensando que el hombre era la menos interesante de las bestias, si no hubiera venido esta guerra a sacarme de mi error, probándome que efectivamente hay algo en el hombre. ¡Bendita sea, pues, ésta, la más grande y también la más noble y más bella de las guerras!

Me dijo:--No le quiero hacer la injuria de suponerle tan loco que diga eso en serio. Le declaro sencillamente guasón, y me río.

Le dije:--Hace usted bien. Su papel y el papel de sus iguales en el mundo, no es otro que ese: tomar en guasa lo que no comprenden, que es casi todo: ríase, pues.

Me dijo:--Pero criatura, venga usted acá. ¿Es posible que esté usted tan ciego que no se dé cuenta de que esta guerra no significa otra cosa que el triunfo de la barbarie sobre la civilización?

Le dije:--Dígalo usted al revés. Diga el triunfo de la civilización sobre la barbarie, y estaremos de acuerdo. Pero no, no lo diga, porque no bien estemos de acuerdo, me parecerá que estoy equivocado, y me afligiré mucho, y hasta me enfermaré.

Me dijo:--Pero, vamos a ver, ¿en qué se funda usted para sostener tal disparate?

Le dije:--Pues lo va usted a ver. Dejando muchas cosas en el tintero, porque no le quiero abrumar, le diré que para mí la paz es lo bárbaro, lo cruel, lo inhumano, y la guerra es la civilización. Me refiero a la paz actual y a la guerra actual. Vivir en paz sobre un montón se alimañas tan feroces y de inmundicias tan odiosas como las que constituyen la base de la sociedad actual; vivir en paz con tanta mentira; con tanta hipocresía como la que forma el alma del sistema social bajo el cual vivimos, sería sencillamente el más degradante de los salvajismos. Nuestra única esperanza está en la guerra, y por eso me parece salvadora y santa la que ahora está ardiendo. Sin ir más lejos, ese salto brusco que la guerra le ha hecho dar al hombre de hoy, desde su pupitre de comerciante (porque el hombre típico de esta civilización es el comerciante), al campo de batalla, desde su libro de cuentas a la trágica vecindad de un fusil, de un cañón o de un torpedo, es un salto épico y regenerador. ¿No cree usted que es bueno que a la sórdida tienda u oficina, grande o chica, donde acumulábamos dinero y más dinero con el único fin de tener el estúpido gusto de reventar después sobre un montón de oro, haya sucedido por virtud de la guerra la tienda de campaña en mitad de un campo, y en esta tienda el silvar de las balas y el rugir del cañón, recordándonos perennemente que la vida no es algo muy duro, redondo y pesado como un queso de bola, sino que es ligera y tenue como un soplo y que puede perderse de un momento a otro? ¿Cree usted que ese brusco salto de comerciante a hombre no le ha de hacer bien al mundo de hoy? ¿Cree usted que el mundo no gana nada con el mero hecho de que hombres que ayer, simplemente por estar cerca de una caja, valían un millón, dos o veinte millones, estén hoy, ante la boca de un cañón valiendo sencillamente uno, lo mismo que su dependiente y que su cocinero?

Me dijo:--Sí; hemos dejado el robo metodizado del comercio para hacernos asesinos al por mayor. ¡Vaya un progreso!

Le dije:--Pues sí, señor. Es mejor, es menos degradante vivir matando al prójimo que vivir robándole. Es más triste la miseria de un hombre que la muerte de cuatro hombres.




VOCABULARIO






  1.Injuria= Ofensa, insulto, agravio.

  2.Guasón= Bromista, chancero, burlón.

  3.Alimañas= Hombres fieros, crueles, salvajes.

 4.Inmundicias= Deshonestidades, desverguenzas, libertinajes.

  5.Salvajismos= Crueldades, barbaridades, atrocidades.

  6.Épico= Heroico, grandioso, glorioso.

  7.Sórdida- Vil, ruin, indigna.

  8.Caja= Caja de seguridad para guardar dinero y objetos de valor.





miércoles, 1 de abril de 2015

EN LA GUERRA






EN LA GUERRA
(Fragmento del artículo de 1915 En la Guerra)

     Y Ud. Canales, ¿qué piensa de la guerra?  ¿es usted aliado, alemán o neutral? Se me ha hecho esta pregunta muchas veces, y creo llegado el momento de contestar. Al principio me hice modesto, y mdije a mí mismo que mi opinión, donde había tantas, era cosa que no valía la pena; pero luego he pensado que es hasta feo eso de no opinar nada de un acontecimiento tan colosal, de tantas y tan tremendas consecuencias para toda la humanidad. Como que por larga que sea la vida de los que vivimos ahora, bien seguros podemos estar de que nos hemos de ir al hoyo sin presenciar nada que ni siquiera se aproxime, en importancia y en fuerza dramática, al espectáculo éste de la guerra europea. ¿Y qué clase y qué dosis de cachaza habría que tener para sustraerse a toda impresión, a toda emoción, y a toda reflexión, frente a una cosa tan enorme? Como hay tanto molusco por estos alrededores que hace gala de no interesarse por nada que no rece directamente con sus sangrigordas personas, o con la caja, o los garbanzos, o el ombligo de sus sangrigordísimas personas, y que ante cualquiera otra cuestión igual, se encogen solemnemente de hombros y sueltan un grosero a mí que me importa, eso no me va ni me viene; y como sería para mí una desgracia atroz que me confundieran con ellos, quiero que conste ya de un modo claro que no ha sido por falta de emoción, sino por sobra de emoción, que me quedé callado algún tiempo en actitud de recogimiento y de silencio de la cual salgo hoy para decir que, pacífico y todo como soy hasta la misma médula, aplaudo de todo corazón el advenimiento de esta grande y hermosa carnicería en que todos los magnos y contrapuestos valores humanos se encuentran, por fin, en campo raso y se precipitan unos contra otros.
     Soy Pacífico, pero no pacifista. Si el mundo fuese una Arcadia; si, por lo menos, hubiésemos llegado a librarnos del monstruo del capitalismo que ahoga y envilece a un millón de seres humanos en beneficio de tres, o de dos, o de uno, (privilegio que las más de las veces ni siquiera tienen ellos mismos la más vaga noción del privilegio absurdo de que gozan); si el hombre, ya que no hermano, al modo evangélico, llegase a ser amigo del otro hombre y terminara así esta lucha de perros hambrientos que sostenemos perennemente por un vil mendrugo; entonces, y sólo entonces, sería yo pacifista y me parecería bien que nos desmayáramos ante la perspectiva de una gota de sangre vertida en la guerra. Pero, mientras el mundo sea lo que es, a la pelea hipócrita e innoble de perros hambrientos que sostenemos en la paz, prefiero y preferiré siempre la pelea franca y grande que ahora ensangrienta los campos europeos.
     No me gustan las cosas a medias. O peleamos usted y yo, señor Prójimo, hasta rompernos la crisma, fusil contra fusil, bayoneta contra bayoneta, y, si a mano viene, diente contra diente, y uno de los dos queda sin vida; o usted y yo nos damos un abrazo verdad en señal de una paz verdad, y nos respetaremos y ayudaremos y querremos en adelante como dos hermanos. Pero mientras mi prójimo no represente para mí otra cosa que un perro colmilludo que al menor descuido me salta encima y me quita el bocado, condenándome a peor muerte que si cayera en la guerra, me seguirá pareciendo bien que mi prójimo y yo nos topemos y acometamos noblemenete, de fiera a fiera, en el campo de batalla, en vez de odiarnos y acosarnos sigilosamente, alevosamente, cobardemente, en esta lucha económica de golosos y sagaces y crueles ratoncitos a que nos obliga el estúpido molde social en que vivimos.
     No sé, ni me interesa saberlo, de quién ha sido la culpa de la iniciativa de esta hermosa guerra, pero llámese Francia o Inglaterra o Alemania la agresora, yo celebro que tal agresión haya dado lugar a la noble y grandiosa epopeya.
     Y ahora, ya expuesto lo que pienso de la guerra, veamos hacia qué lado se inclina este humilde servidor de ustedes.
     Poco me importa de parte de quién está la razón. Me parece una gran tontería eso de pararse a considerar si la razón está de parte de Juan o de parte de Pedro, cuando Juan y Pedro tienen un duelo a muerte. Si nos gusta Juan, si nos está más simpático o mejor hombre -desde nuestro punto de vista- Juan que Pedro, desearemos que sobreviva Juan, aunque Pedro esté cargado de razón. En el conflicto presente, si creemos que tal nación desempeña un papel en el mundo mejor y más simpático que tal otra, ¿hemos de desear pazguatamente que muera la que queremos que triunfe y viva la que no queremos, por el simple hecho de que ésta -la que no queremos- tiene la razón?
     No; désele la razón a ésta, o a aquélla, o a la de más allá; pero no aguardo a saber quién la tiene, porque me falta tiempo para gritar desaforadamente que allí donde esté Francia, y donde se trate de si Francia ha de vivir o ha de morir, yo he de desear que se salve Francia, aunque se salve sin razón. Si tiene razón y se salva, bien. Pero si no tiene razón y se trata, como ahora, de vencer o morir, que se salve de todos modos. Pero, pregunto yo ¿es que es posible concebir el mundo sin Francia? ¿Podría un genio o un grupo de genios hacer una Francia? No, Francia no salió del esfuerzo metodizado de un sabio ni de dos ni de mil. Francia es, como Grecia, una creación milagrosa de la propia naturaleza. La engendró el acaso, el misterio. La nutrieron y conservaron y adobaron los siglos. Todos los hombres superiores de todos los tiempos la admiraron y amaron hasta enloquecer por ella.
     Para mí Francia es como un cráter por donde se manifiesta , hecho llama, todo lo que es espíritu en la carne de la humanidad. Y vuelvo a preguntar: hay en el mundo método alguno, combinación o fórmula alguna que pueda fabricar esa fruta madura y deliciosa que se llama la boca sabia de una mujer francesa o el cerebro de un artista o pensador francés?




VOCABULARIO



  1.Al hoyo= A la sepultura.

  2.Cachaza= Abulia, apatía, indiferencia.

  3.Que hace gala= Que se jacta, se vanagloria o se alaba de algo.

  4.Rece= Que le afecte o sea de su interés.

  5.Pacífico= De ánimo sosegado, tranquilo.

  6.Pacifista= Partidario de las doctrinas que se oponen a la guerra.

  7.Arcadia= Årcades= Academia de poesía y buenas letras establecida en Roma.

  8.Sigilosamente= Con disimulo, engaño, fingimiento.

  9.Alevosamente= Con astucia, sagacidad, malicia.
 
10.Cargado= LLeno, colmado.

11.Pazguatamente= Cándidamente, candorosamente, ingenuamente.

12.Desaforadamente= Atrevidamente, osadamentte, audazmente.

13.El acaso= Por combinación de circunstancias imprevisibles.

14.Adobaron= Que la pulieron y refinaron con cuidado y atención.