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miércoles, 2 de septiembre de 2015

¿PODEMOS SER FELICES?






¿PODEMOS SER FELICES?
(Fragmento del artículo de 1917 ¿Podemos ser Felices?)



     No hay nadie, por muy indiferente que sea a las ideas, que no tenga su mucho o su poco por decir sobre este grande y universal problema humano: y yo, aunque he de guardarme bien de contestar a lo catedrático, a lo sabihondo, no voy, por un pueril alarde de modestia convencional, a privarme ahora del gusto de dar, de la manera más sencilla y clara posible, más bien que una opinión, mi impresión personal sobre el asunto.
     No; no creo que sea asequible la felicidad, ni en este mundo ni en ningún otro mundo. es más, creo que cometemos una barbaridad cuando damos a nuestros hijos, en la escuela, en la casa, en el teatro, en el libro, esa visión de felicidad personal tan reñida, tan incompatible con nuestra propia naturaleza y con la naturaleza de la realidad que nos rodea.
     Felicidad, felicidad...... ¿Dónde demonios se esconde ese divino tesoro, que nadie le encuentra ni le encontró jamás? Topa uno con un viejo y le pregunta, y de cada cien viejos, noventa y nueve viejos suspirarán profundamente primero, y nos contestarán en seguida una de estas dos cosas: o que la perdieron para siempre y se les quedó atrás, muy atrás, en alguna curva remota del camino andado, o que no la tuvieron nunca y la van a buscar en el reposo eterno, o en el edén eterno que les prometió tal o cual religión. Topamos con un joven... y nos dirá que, o la dejó también atrás, allá en la lejanía de la niñez, o que va corriendo, corriendo sin cesar en pos de ella, con o sin esperanzas de darle alcance. Y si interrumpe Ud. los juegos de un niño cualquiera y logra que le entienda la pregunta, seguramente que, o no saca nada en claro de la inconsciencia del niño, o le ve pronto señalar hacia el futuro con las clásicas palabras que todos hemos pronunciado: "Cuando yo sea hombre..."
     Quiere decir que está atrás, o está delante, o está arriba o está abajo: en todas partes, menos en el punto en que nos encontramos. Y es que tiene que ser así; es que sería absurdo que no fuese así. ¿Cómo concebir la evolución, o sea, el movimiento, esencia misma de la vida, sin la inquietud, sin el perpetuo temer y el perpetuo aspirar y el constante cambiar de aquí para allá y de allá para acá? ¿Y cómo, si fuéramos felices, podríamos mantener este vaivén, este anhelar engendrador de toda evolución y por consiguiente de la vida?
     Somos limitados, somos frágiles como el vidrio, nos rodea por todas partes lo inestable, lo sombrío, lo sucio, lo duro, lo trágico. ¿Cómo, pues, dentro de nuestra limitación y fragilidad irremediables, concebir ese estado ideal de íntima y perfecta satisfacción en que nos sintamos libres de temores y pesares y deseos?
     No quiere esto decir que yo sea pesimista a lo Shopenhauer, que sólo ve dolor y oscuridad por todas partes. Al contrario, creo fácil comprobar que la cantidad de dolor que hay en el mundo, con ser muy grande, es infinitamente inferior a la cantidad de alegría, de igual  modo que la cantidad de salud es superior a la cantidad de enfermedad y la cantidad de juventud a la cantidad de ancianidad. Pero ¿es la alegría la felicidad? No; la alegría es orgánica, es subconsciente, nace precisamente de no sentirnos, de cierta armonía rara y fugaz entre las distintas piezas que componen la maravilla de nuestra máquina. En cambio, la felicidad es, o debe ser, esencialmente consciente, naciendo o debiendo nacer de los deseos satisfechos, de pensarnos y sentirnos bien. Tan no tienen nada que ver las dos cosas, la alegría y la felicidad, que se puede ser muy infeliz y estar al mismo tiempo muy alegre. De ello nos da ejemplos constantes la diaria realidad.
     La alegría es dinámica. esto es, movimiento, vibración, aleteo fugitivo del espíritu, agua que corre, rama que ondula, ave que vuela, cuerda tensa que suena. En tanto que la felicidad es, o la concebimos, cosa permanente y estática, de la cual fluye la alegría como de una flor el aroma, como de un manantial el agua y de un astro la luz. La alegría es la manifestación, el síntoma, el accidente; la felicidad es la causa, la fuente, la sustancia inmutable. La alegría no puede buscarse deliberadamente, porque es caprichosa, tornátil, inconsciente, oscilante; va y viene, nos asalta y nos deja, aparece y desaparece caprichosamente, sin que nada baste a retenerla. Es como la risa, como el buen apetito, como el golpe de azar. Nadie puede salir a buscarla, porque mientras más se la busca menos se la encuentra, como no se puede buscar la risa, ni el buen apetito, ni el golpe de azar. Precisamente está más lejos de nosotros a medida que la sabemos buscar mejor, con mayor pericia y deliberación: y así vemos que el viejo es menos alegre que el joven y el joven menos que el niño. Es casi animal, casi mecánica, genuinamente fisiológica, en tanto que la felicidad es, o tendría que ser, genuinamente psicológica.
     Y por eso, porque la vida es y no puede ser otra cosa que movimiento, vibración, esfuerzo, tendencia constante a cambiar y a mejorar, es por lo que decía antes que está reñida irremediablemente con toda noción de felicidad, bien sea esa felicidad rolliza, pesada, mofletuda, de gorro y chinela, con que sueña el burgués: bien de la otra quintaesenciada y etérea del místico, o bien de la remojada en mieles empalagosas de amor y de música y poesía que seduce por regla general al artista. De cualquiera de esos tipos convencionales de felicidad debemos aprender a reirnos: en primer lugar, porque son inasequibles por ser incompatibles con nuestra propia naturaleza, y en segundo lugar, porque... vaya, seamos sinceros: no valen la pena. Así como suena: no valen la pena. La primera, la burguesa, la de gorro y chinela, buena alfombra y casa grande y cómoda, es grotesca y odiosa. ¿Hay nada más aburrido que comer bien y vestir bien y arrellanarse bien en un butacón sobre una gran alfombra y ser siempre y a todas horas un cerdo limpio y bien comido, y no tener preocupaciones, y volverse una bola de plebeyo egoísmo, extraño a toda solidaridad con el mundo, y no vivir sino para el largo bostezo del casino, del automóvil, de la charla insustancial, y para estar a todas horas y en todas partes condenado a sentirse la digestión? Dadle esa clase de felicidad a un hombre de pensamiento o de nervios, y se volverá loco o se pegará un tiro antes de un mes. Dadle esa clase de felicidad espesa a cualquiera hombre de tipo corriente que no sea un idiota, y no se volverá loco ni se exasperará hasta el suicidio, pero irá poco a poco trocándola en el sport tal o en el sport cual, que es como trocarla en trabajo, en trabajo disfrazado y estéril, pero trabajo al fin.
     La segunda, la mística, es todavía más incompatible con el hombre y con las cosas. Vivir con la mirada fija en otro mundo es sencillamente como no vivir, como una forma de estar muerto con apariencias de vida.
     Y en cuanto a la tercera, la de los adolescentes y las niñas románticas y los poetas ingenuos: la que navega en mieles de erotismo y melodía, la que nos sirven en la escuela, en el teatro y en todas partes, es la más idiota de todas. Se puede ser un cerdo limpio y bien comido y halagado durante algunos días y no volverse loco de asco de sí mismo hasta después de cierto tiempo: pero yo desafío a los paladares más golosos y más fuertes a que se refocilen, no ya durante muchos días, sino durante un solo día, con las melosas y aromadas golosinas de la estética, de la melodía y del dúo tremulante de romántico amor: el empalago sería tal, que la víctima pediría a gritos la cárcel o la horca para escapar del tremendo suplicio.
     "Pero entonces ¿qué buscar? ¿qué hacer?", se me dirá.
     ¿Qué hacer? Pues una cosa muy sencilla: vivir. Pero vivir ¿para qué? Vivir para lo que es esencia misma, aspiración recóndita y suprema finalidad de toda vida.





VOCABULARIO





  1.A lo sabihondo= Presumiendo de sabio sin serlo.

  2.Pueril= Fútil, vano, trivial.

  3.Shopenhauer= Arthur Shopenhauer (1788-1860)= Filósofo alemán.

  4.Quintaesenciada= Refinada, primorosa.

  5.Arrellanarse= Extenderse en el asiento con toda comodidad.

  6.El largo bostezo= El gran aburrimiento.

  7.Refocilen= Que se regocijen, se deleiten, se regodeen.

  8.Felicidad= Estado ideal de íntima y perfecta satisfacción en que nos sentimos libres de temores y pesares y deseos.




sábado, 22 de agosto de 2015

FELIPE TRIGO






FELIPE TRIGO
(Fragmento del artículo de 1916 Felipe Trigo)


     
     He leído ya unos cuantos trabajos acerca de Felipe Trigo, cuya súbita muerte es suceso bien conocido aquí. Y estos trabajos son unos en pro y otros en contra, pero de todos ellos se desprende que nosotros los puertorriqueños nos hemos preocupado más de la personalidad del gran novelista fenecido que los mismos peninsulares. Allá, en España, los diarios y revistas andan ahora repletos del vulgar asesinato de un tal Ferrero por un tal Nilo, y hasta la fecha sólo dos o tres escritores se han dignado decirnos alguna cosa del compañero muerto.
     Es la historia de siempre: muere un pelele cualquiera que ha alborotado mucho en el campo de la política con el molesto e incesante ruido de su lengua y alitas de papagayo, y se está hablando del pelele un año seguido. Pero muere un pensador, un héroe de la inteligencia, y es, a los pocos días, como si hubiera reventado una chinche. ¡Pobre raza la nuestra que sólo a los talentos de adaptación y de relumbrón de las medianías rinde homenaje, y que pasa de largo, indiferente cuando no desdeñosa, ante el hombre superior de veras en cuyos sesos se aposenta, demoledor y creador, el rayo de la idea! ¡Pobre raza la nuestra, de cuartel y convento, en cuyo seno la primera cosa que habría que hacer con un niño en quien se sospechara el talento (por padres sensatos y previsores) sería pegarle un tiro, o enseñarle a vivir entre mendrugos  y harapos y piojos, para prepararlo a abrazar para siempre la carrera de mendigo!
     Pero, volvamos a Trigo, y aunque no hagamos otra cosa que repetir lo que han dicho otros, démonos el gustazo de nombrarle otra vez, de saludarle otra vez con amor y reverencia, de restregarles otra vez el hocico, con su gran recuerdo, a Doña Juana, y a Don Pancho y a Juanita y a Panchito, que en España y en América se despepitan por hacer ascos --ellos, los del vientre redondo y brillante y la mente podrida-- de la obra grande, sana, fecunda y luminosa del simpático Trigo.
     ¡Pero miren que venirle ahora poniendo a la obra de tal hombre, como hace Diez Canedo entre otros, peros de estilo, reparitos de sintaxis, como si hombres que traen a su raza el mensaje que le trajo Trigo tuvieran tiempo y cachaza bastante para pararse en el camino a conjugar y aguzarse el oído para pescar las asonancias! ¡Oh turba interminable de los majaderos! ¡Unos, los más sensatos, haciendo ascos de sacristán de pueblo a lo que dijo el hombre, precisamente porque era muy real, muy humano, y por lo tanto, muy divino lo que dijo; y otros, los mentecatos, los perros ratoneros de la pluma, haciendo asquitos también, no por lo que dijo --que eso no les importa a ellos nunca--sino por si lo dijo debajo de la Gramática o encima de ella y pateándola, pateándola ruidosamente como la patean siempre los que van de prisa porque van ardiendo de una sed divina de renovar, de destruir, de crear!
     Felipe Trigo, pornográfico... ¿Pero pornográfico por qué, señor mojigatito de los pies lavados y el cabello apestoso? Pornográfico porque --oigo que me contesta el mojigato-- se entretuvo mucho ese señor Trigo en escenas de alcoba. Bien, señor mío; pues hágame ahora el favor de ponerse serio, si es que un memo es capaz alguna vez de seriedad, y dígame: Si es pornográfico Felipe Trigo por pintar escenas de alcoba, ¿qué deja usted para los que viven esas mismas escenas? ¿No comprende usted que si usted, en vez de un redomado hipócrita como es, fuera un hombre sincero, y sinceramente tuviera ascos de Trigo por pintor, tendría que vomitarse ante toda mujer que ha sido madre porque toda madre ha sido hacedora de amor, y el hacer una cosa, si es mala, tiene que ser muchísimo peor que la acción de pintarla?
     Pero no discutamos más, porque es perder el tiempo el discutir con momias, y digamos ya, con toda brevedad por qué queremos y admiramos y lloramos a Trigo. Le lloramos y admiramos y queremos, porque en el seno de una sociedad como la nuestra, mojigata en cuestiones de amor como ninguna otra, fue el primero que tuvo la genial intrepidez de salir gritando un nuevo credo, un nuevo evangelio social. Antes, la cuestión sexual era una simple comidilla de tertulias, un mero tema de necios chistecitos colorados de fraile  haragán; pero llegó él, Felipe Trigo, y le quitó la cuestión de la insolente, incomprensiva boca del fraile, y la alzó al nivel alto que debía ocupar, y la ennobleció, la dignificó, la llenó de majestad y de belleza. Y si de algo pecó el pobre Trigo, fue precisamente de lo contrario de lo que dicen sus detractores. Pecó de excesivamente idealista, de excesivamente lírico del amor. Las gentes no se aman tan por lo fino como él pretende. Pero el tomar en serio la cuestión sexual, abordarla como lo que es, como uno de los más abrumadores y trascendentales problemas humanos, ¿es tan poca cosa? Un hombre que tiene suficiente visión para alcanzar eso, ¿no ha hecho ya él solo, por su raza, más que todos los señoritos blandengues que coquetean con el estilo, limando y ensartando discreteos de palabras bonitas y huecas?
     Y luego, no es sólo la cuestión sexual la que abordó el hombre con peligro de que se lo comieran vivo los beatos. Hizo más; hizo campaña generosa y brava por la mujer, le mostró al hombre, en cuadros de una fuerza de realidad abrumadora, lo bruto que es, lo brutísimo que es, amarrando a su mujer de una pata de la mesa y acabando él por quedar amarrado a su vez, de por vida --so pena de deshonra o excomunión social-- por las cintas de las enaguas de su mujer. Y un hombre que trata cuestiones tan hondas, y las trata magistralmente, sin pesadez de sermonero, haciéndolas destacarse de la vida misma, con relieve exquisito  de artístico bordado ¿merece que desdeñosamente se hable de él como de un mero rebuscador de alicientes pornográficos? Pero aún hizo más Trigo. Hizo en Jarrapellejos, en Sor Demonio, en El Médico Rural, en Del Frío al Fuego, y en casi todas sus novelas, una colección de escenas y tipos de la vida española, de una potencia tan formidable de realidad y de espiritualidad a un tiempo mismo, que nadie en España, fuera de Galdós en Torquemada y en alguna otra de sus producciones selectas, ha podido igualar.
     Creo que Las Evas del Paraíso es una de sus mejores novelas. El ambiente, los tipos, la manera como estos tipos actúan, la cosa formidable que de un modo tan sencillo y natural tiene lugar entre ellos, todo en esa obra es fuerte y bello y sano y grande, como una de esas colosales concepciones ibsenianas que ahora, porque ya están consagradas, todo el mundo --inteligentes y mentecatos a un tiempo-- respeta y alaba.  
     ¡Pero estos rutinarios del demonio, qué incomprensibles son! Don Juan Valera, por ejemplo, figura en todas las bibliotecas, y no hay niña cursi ni mojigato idiota que no le ponga por los cuernos de la luna. Y, sin embargo, ese sí que es un verdadero rebuscador de acicates a la baja sensualidad, a la que nace, precisamente, de no ver en la mujer otra cosa que un dócil y barato instrumento de placer. Pero ¡claro! el puerquísimo Don Juan Valera trata la cuestión --la tremenda cuestión sexual-- en broma, salpimienta sus episodios de alcoba con salsitas de estilo, hace aquí una cita pedantesca de un autor latino y más allá de un griego para medio encubrir una indecencia y ¡oh milagro! todos se quedaban bobos y babeándose de gusto y de admiración. Y mientras Trigo, el serio, el lírico, el psicólogo, el paladín de una nueva fórmula de vida, es rechazado con horror, él, Don Juan Valera, el condimentador de salsitas picantes y de chistes plebeyos de burdel, es casi canonizado por la mediocridad española y americana, y sus libros se guardan como reliquias...
     ¡Dios mío! Dame valor, como le diste a Trigo, para volarme de un tiro los sesos, o hazme vientre no más, patas no más, incomprensión no más, para mezclarme al rebaño para siempre y gustar diariamente la enorme sensación de igualdad y de seguridad que viene de no hacer ni decir ni pensar cosa alguna que no sea una vulgaridad, rellena de brutalidad, y hedionda a respetabilidad. Amén.




VOCABULARIO




  1.Felipe Trigo (1864-1916)= Médico, militar y escritor español. En su juventud profesó un socialismo marxista que evolucionó más tarde a un reformismo radical. En pleno apogeo de su popularidad, el 2 de septiembre de 1916, se suicidó de un disparo.

  2.Pelele= Persona simple, necia, idiota o inútil.

  3.Relumbrón= Que es más aparente que verdadero, o de mejor apariencia que calidad.

  4.Cuartel y convento= Frase usada para denotar simpleza y regimentación tal como la vida de los militares y de los religiosos.

  5.Mendrugos= Sobrantes de pan duro y desechado que se suele dar a los mendigos.

  6.Despepitan= Que hablan u obran con exceso, sin medida.

  7.Hacer ascos= Hacer desprecio injustificado de algo.

  8.Diez Canedo= Enrique Diez Canedo (1879-1944)= Crítico literario español.

  9.Cachaza= Sosiego en el modo de obrar.

10.Mojigato= Persona que finge o da a entender que teme, siente entusiasmo o aversión, no teniendo motivo para ello.

11.Memo= Tonto, simple, mentecato.

12.Rumiar= Publicar, proclamar, hacer saber.

13.Cochino= Hombre grosero, ordinario.

14.Redomado= Que tiene en alto grado la cualidad negativa que se le atribuye.

15.Comidilla= Tema preferido en alguna murmuración.

16.Ibsenianas= Relativo al dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906).

17.Rutinarios= Que hacen las cosas por mera práctica y sin razonarlas.

18.Juan Valera= Juan Valera y Alcalá (1824-1905)= Político y escritor español.

19.Cursi= Que con apariencia de elegancia es ridículo y de mal gusto.

20.Poner por los cuernos de la luna= Alabar o encarecer a alguien desmedidamente.

21.Salpimienta= Hacer agradable algo con palabras.

22.Rebaño= Conjunto de personas que se dejan dirigir en sus opiniones, gustos, etc.



jueves, 13 de agosto de 2015

EL TIO SAM ESCLAVISTA








EL TIO SAM ESCLAVISTA
(Artículo de 1916)



     El mundo va despertando. Ya no es sólo en Europa donde se va saliendo del engañoso romanticismo que falseaba, de una manera tan perniciosa, la visión de la vida. Ya no son solamente los Ibsen, los France, los Tolstoy, los Gorky, los Bernard Shaw, los Brieux los que en el teatro y la novela descubren, denuncian y asaltan las iniquidades monstruosas que se esconden, desde tiempo inmemorial, bajo el hipócrita manto protector de la Ley, de la Religión, de la Propiedad. Ya ha llegado a América también la piqueta del pensador a iniciar su ciclópea labor destructora y renovadora.
     Todos los días, gracias a Dios, tenemos algún ejemplo de esto; y hoy, precisamente quiero enterar al puñado de personas que aquí sienten curiosidades de hombres de cultura, de un trabajo venido a mis manos recientemente en el que un escritor americano --William Leavitt Stoddard-- nos afirma y nos prueba de una manera irrefutable que el Tío Sam, el mismo gran gobierno de la gran república que actualmente sostiene una cruzada terrible contra la llamada "esclavitud blanca", o sea, contra cierto negocio que consiste en embaucar a las muchachas bonitas y pobres para lucrarse con ellas dedicándolas a la prostitución, el mismísimo gran gobierno, digo, cuyos agentes --fiscales, policías, jueces-- sostienen tan enconada campaña en pro de la virtud, es culpable también, pero en gran escala, del feísimo delito que persigue y castiga tan cruelmente en los infelices que lo cultivan en menor escala.
     Sí señores; este Leavitt Stoddard nos convence, con suma facilidad, de esta cosa inesperada y enorme: de que el mayor comerciante dedicado al lucrativo negocio de la esclavitud blanca en los Estados Unidos, es el mismo reverendísimo gobierno de los Estados Unidos.
     ¿Pero cómo?, dirán los pazguatos que todavía se alimentan de la bazofia romántica de tiempos pretéritos. Leed a William Leavitt Stoddard ("Pearson's Magazine", número de noviembre, 1916) y allí encontraréis la explicación. Yo sólo puedo dar aquí, para aquellos que no pueden leer dicho artículo en inglés, una síntesis muy condensada de las afirmaciones que hace Stoddard.
     En primer lugar, nos dice Stoddard que los Estados Unidos son grandes patronos, los mayores, del trabajo de los ciudadanos americanos. Desde Wilson, con sus 75,000 dólares de sueldo y sus 25,000 adicionales para gastos, con casa y automóvil también gratis, hasta el empleadillo de Servicio Civil con menos de 720 dólares al año, hay toda una escala interminable en la que miles y miles de seres humanos aparecen consagrando su vida, consumiendo su fuerza, en beneficio del gobierno federal.
     ¿No dijo el otro día el propio Mr. Wilson que todo lo que fuera una suma anual menor de 1,200 dólares era groseramente ineficaz para sostener una vida decente? Pues el mismo gobierno que preside Wilson tiene un ejército de alrededor de cien mil hombres y mujeres que no llegan ni con mucho al tipo de sueldo señalado por el presidente, y por todos los sociólogos modernos, como base única de una vida decente. El 20% de los empleados federales reciben menos de 720 dólares al año; el 10%, recibe de 720 a 840; un 5%, cobra de 840 a 900, y hay un 23% cuyo sueldo oscila entre 900 y 1,000. Tenemos, pues, que más de la mitad de los empleados de este grande, rico y progresista gobierno trabaja diariamente ocho horas por menos de mil dólares al año. De ésto resulta que muchos, legiones de estos infelices que le hipotecaron sus vidas al gobierno, en un país donde la subsistencia es tan cara, vegetan hasta la vejez sin tener ni siquiera con que proveer de zapatos a sus hijos. Tienen segura su comida, una mala comida de caballo o de perro, y nada más. Para ellos no hay nunca la posibilidad de un viaje, ni la de buscarle porvenir brillante a uno de los retoños, ni la de experimentar la sensación de bienestar que se experimenta en la suntuosidad magnífica de los grandes hoteles. Sedas, joyas, automóviles, días de amor, de sosiego o infantil regocijo en el campo, bajo dosel de árboles y al arrullo de cantos y rumores de arroyos y pájaros... todo lo que acaricia los sentidos y nos perfuma el alma en la naturaleza o en el arte, sólo como un mal sueño de algo inasequible viene a turbar de cuando en cuando la mente de estos esclavos blancos que le dan su vida al más rico de los gobiernos de la tierra.
     El autor americano que le ha regalado a mi triste ironía de comprensivo el inesperado manjar de estos datos, se limita a darlos, denunciando al Tío Sam como culpable de ser el mayor esclavista. Pero yo no puedo quedarme ahí. Me acuerdo de la persecución constante que, entre vocinglería de periódicos y de beatas y puritanos de todas suertes, se está llevando a cabo por agentes policíacos y judiciales del gran gobierno americano, contra los que especulan con la belleza de mujeres pobres y bonitas, y encuentro que de las dos esclavitudes me gusta más, me parece menos degradante ésta que aquélla. Porque ésta es fugaz, y se limita al sexo, y cubre a la esclava en perfumes y halagos por poco o mucho tiempo. Pero aquélla, la del Tío Sam, la que nadie persigue, la respetable, la virtuosa, la santa, esa lo arropa todo, lo arranca todo, lo pide todo. Esa exige el sacrificio diario de ocho horas de la vida, que  es lo mismo que decir toda la vida, para servirle a un amo que no sólo no se limita a exigir determinada función en que temporalmente alquilemos algo de lo nuestro, sino que nos exprime toda nuestra energía, toda la llama de nuestra mentalidad, y a cambio de todo eso sólo da lo suficiente para que puedan sus víctimas sentarse a la mesa diariamente ante una mísera ración de caballo o de perro...
     Y mientras estas cosas monstruosas suceden, los pazguatos de allá y de aquí siguen afligiéndonos, indignándonos, reventándonos, con el vil espectáculo de la baba romántica que les cae de la boca, en discursos y versos y crónicas...



VOCABULARIO



  1.Romanticismo= Movimiento cultural y político originado en Europa a finales del siglo XVIII en el que prevalece lo sentimental sobre la razón y el examen crítico.

  2.Perniciosa= Muy dañina o perjudicial.

  3.Ibsen= Henrik Johan Ibsen (1828-1906)= Dramaturgo noruego en cuyas obras cuestionaba el modelo de familia y de sociedad de su época.

  4.France= Anatole Francois Thibault (1844-1924)= Escritor francés que adoptó el sobrenombre de Anatole France. Premio Nobel de Literatura de 1921.

  5.Tolstoy= Liev Nicoláievich Tolstoy (1828-1910)= Escritor ruso también conocido com León Tolstoy. Es considerado uno de los más grandes escritores de la literatura mundial.

  6.Gorky= Gorki= Máximo Gorki = Seudónimo utilizado por Alekséi Maximovich Péshkov (1868-1936)= Escritor y político ruso.

  7.Bernard Shaw= George Bernard Shaw (1856-1950)= Escritor irlandés ganador del Premio Nobel de Literatura de 1925.

  8.Brieux= Eugene Brieux (1858-1932)= Dramaturgo francés en cuyas obras se destaca la injusticia del sistema social.

  9.Ley... Religión... Propiedad= Tres áreas primarias de la sociedad --sistema jurídico, moral y económico-- sintetizadas en estos términos.

10.Piqueta= Pico= Herramienta con dos puntas opuestas que se usa para desbastar la piedra.

11.Ciclópea= Enorme, gigantesca.

12.Tío Sam= Personificación y símbolo nacional de los Estados Unidos.

13.Pazguatos= Personas simples que se pasman o admiran de lo que ven u oyen.

14.Bazofia= Cosa soez y despreciable.

15.Wilson= Thomas Woodrow Wilson (1856-1924)= Vigésimo octavo Presidente de los Estados Unidos.

16.Vegetan= Que viven una vida comparable a la de las plantas.

17.Vocinglería= Ruido de voces hablando mucho y vanamente.




martes, 4 de agosto de 2015

AL HOMBRE PULPO





AL HOMBRE PULPO
(Artículo de 1915)



     Entre las cosas antipáticas de este mundo pecador, cuya contemplación me acibara y acorta la vida, ninguna lo es tanto como cierto ejemplar de hombre (o de mono) muy abundante en todos los climas, pero más abundante que en todas partes en esta ventorrillesca isla de Puerto Rico. Este hombre, o este mono, -hombre por fuera, mono por dentro- suele ser casi siempre joven, sanote, satisfecho de sí mismo, guapote, elegante; rígidamente elegante con elegancia americana de pavo bien comido. Todo en él está bien: todo en él, desde el sombrero a los zapatos, brilla con ese orden, esa compostura, esa meticulosa y afectada pulcritud, ese sentido de conservación  y de mal disimulada ostentación que se suele notar desde la escalera en algunas casas de burgueses ricos.
     Viste bien; anda bien; huele bien; habla bien (aunque no dice nada); saluda bien; come bien; duerme bien. Y casi siempre sabe (mal) dos o tres idiomas; casi siempre posee un título universitario de médico o abogado; casi siempre es miembro distinguido de una congregación respetable (bar de abogados, asociación médica, Caballeros de Colón, etc.); casi siempre es casado (el matrimonio cuando no da dinero da respetabilidad); casi siempre es correcto; casi siempre está haciendo conatos de ingenio, hombría de bien y amabilidad de jalea de guayaba; casi siempre tiene en remojo una sonrisita que parece decirnos: "Para usted, y nada más que para usted"; y, finalmente, siempre, siempre -y ahora no hay casi que valga- nuestro maravilloso equilibrista se las arregla de tal modo que la sociedad en que vive se derrite en afecto y hasta de admiración por él y se desvive por hacerle próspero y feliz.
     -¿Y qué talismán -se me dirá-, qué talismán posee tal hombre para lograr tal éxito? ¿Será muy talentoso? No; no es muy talentoso, ni siquiera talentoso a secas. ¿Será muy bueno? No; no es muy bueno, ni siquiera bueno. Es simplemente un hombresito de gelatina que precisamente por no tener olor, color, ni sabor determinado, por no tener nada de lo que constituye y delinea una personalidad, se adapta bien a toda situación. Si hay que hablar, habla; si hay que reir, ríe; si hay que llorar, llora a moco tendido; si hay que toser, tose; si hay que bailar o pelear, baila o pelea; si hay demasiado calor, no se asfixia, ni siquiera suda; si hay demasiado frío, no se hiela, ni siquiera tirita. Su fuerte es ese precisamente: no desentonar, no chocar nunca con nada ni con nadie, ser siempre y a cualquier precio hombre discreto, correcto, oportuno.
     -Pero -se me volverá a decir- ¿por qué le ha de resultar a usted antipático un hombre a quien usted mismo atribuye la buena condición de discreto y correcto en todas las cosas?
     -Pues precisamente por eso, respondo yo: porque creo firmemente que todo ejemplar humano dotado de un temperamento tan nulo, tan neutro, tan tirado a cordel, tan susceptible de ser puesto en hora  y manejado como se maneja un reloj; tan adaptable que jamás desentona ni choca, resultando por ello un prodigio de corrección y por ello también un objeto de respeto y de mimo y hasta de admiración para el vulgo, es, bien mirado, lo más irritante, lo más detestable que Dios echó al mundo.
     Dadme hombres, esto es, organismos vivos en que vibre un temperamento e irradie un espíritu; dadme hombres de carne y hueso, aunque los saquéis de presidio con las manos manchadas de crimen, y estaré satisfecho o resignado; pero ahora y a la hora de mi muerte libradme por Dios, del hombre máquina, incoloro e inodoro, medido, pesado, cocido, colado y tapado, que falto de toda nota personal en su carácter, resulta “discreto”, esto es, una monstruosa combinación de tejidos humanos donde, en lugar de un alma, encontramos, haciendo sus veces, la cuerda enrollada de un reloj.
     Pero este hombre amorfo, que, precisamente por no tener la personalidad que da el talento ni la que da la bondad, no desentona ni choca con nada ni con nadie, es el niño mimado de la sociedad en que vive, y el pueblo lo adora, y el gobierno no sabe dar un paso sin él (se ha descubierto recientemente que la cualidad fundamental de todo gobierno civilizado es la estupidez).
     Y yo os digo, señoras y señores, que este monstruoso ejemplar humano, mezcla de hombre y de mono, que os he presentado, no solamente no aporta nada positivo a la sociedad que tan bien lo trata, sino que es un mal hombre, una ostra, un vil roedor despojado de todo calor de humanidad. Por fuera parece todo bien en él, porque todo funciona con la imperturbable regularidad de un cronómetro; pero si os asomáis a su alma de latón la veréis tan falsa, tan fría, tan rapaz, tan mezquinamente sórdida y hostil a todo lo que no sea su negocio, tan ferozmente cerrada a toda simpatía, a toda honda comprensión y compasión de otras almas, que sentiréis asco y horror de haber mirado, y tendréis gusto en acompañarme en la fervorosa oración con que quiero cerrar este artículo:
     Hombre máquina, hombre de alma viscosa de pulpo que te pavoneas en lo más alto de nuestra escala social; hombre discreto en que toda palabra o acción sale tasada, recortada, cocida, molida y colada; hombre falso y vano que serías inofensivamente cursi como un pavo, si no fueras malévolo, vil, cobarde, y peligroso como una terrible alimaña; hombre triunfador, hombre cumbre, hombre sol:
     ¡Mal rayo te parta!...



VOCABULARIO




 1.Acibara= Que turba el ánimo con algún pesar o desazón.
  
2.Mono= Persona de poco seso y afectado en sus modales.

3.Ventorrillesca= Semejante a los ventorrillos (venta, pequeña o mala, en las afueras de una población).
  
4.Sanote= Adjetivo familiar y aumentativo de sano (que goza de buena salud). 
  
5.Guapote= Adjetivo familiar y aumentativo de guapo (apuesto).

 6.Elegante= Dícese de la persona que viste con esmero y cuidado y con entera sujeción a la moda.

7.Pavo bien comido= Dícese de la persona que se muestra muy satisfecha de sí mismo.

 8.Compostura= Disposición o porte.

9.Meticulosa= Detallista, cuidadosa, minuciosa, concienzuda.

10.Afectada= Falsa, fingida, estudiada, simulada.

11.Pulcritud= Esmero y minuciosidad en el aseo.

12.Ostentación= Presunción, afectación, alarde.

13.Conatos= Intentos o amagos de una acción que no llega a terminarse.

14.Ingenio= Perspicacia, lucidez, talento.

15.Hombría de bien= Honradez.

16.Amabilidad de jalea de guayaba= Afabilidad empalagosa.

17.Equilibrista= Persona que ejerce astucia en sus actos y juicios.

18.Se derrite en afecto= Que prodiga vehementemente halagos a alguna persona.

19.Talismán= Objeto al cual se atribuyen virtudes portentosas.

20.Llora a moco tendido= Expresión coloquial para indicar que se hace copiosa y aparatosamente.

21.Fuerte= Aquello en que más sobresale uno.

22.Desentonar= No estar de acuerdo con el entorno.

23.Chocar= Causar disgusto.

24.Nulo= Incapaz, inepto.

25.Neutro= Ambiguo, impreciso, indeterminado.

26.Tirado a cordel= Dispuesto en tal forma que no se desvía a uno u otro lado.

27.Hombre máquina= Persona insensible que obra artificiosamente.

28.Ostra= Dícese de la persona cerrada a toda simpatía.

29.Alma de latón= Persona de escasa sensibilidad.

30.Pavoneas= Que hace vana ostentación de alguna cosa.

31.Tasada= Limitada, escasa.

32.Cursi= Presuntuoso, afectado, pretencioso.

33.Alimaña= Animal dañino.

34.Cumbre= Grado último a que puede llegar una cosa.

35.Sol= Se usa para ponderar las cualidades de una persona.








miércoles, 24 de junio de 2015

LOS RESPETABLES






LOS RESPETABLES
                                                 (Artículo de 1916)


     Una vez más necesito decir, necesito gritar que no hay nada en el mundo que me reviente más que los respetables. Cada dos o cada tres años, este odio de los respetables, que siento desde que era niño, se me sube a la cabeza con tal fuerza que no tengo más remedio que abrirle la válvula de las confidencias, porque sé que si no se la abro me muero. Creo que en el mundo la única plaga verdaderamente grande e incurable es la plaga de los hombres respetables. Dadme un bandido, un matón, un jaguar, y lo mandaré a una trinchera y no pasará un mes sin que haga una sonada y se convierta en héroe. Dadme un bribón, un trapacista, un zorro, y le enseñaré finas maneras y cuatro lugares comunes y será una eminencia en el campo del comercio, de la abogacía, de la burocracia o de la diplomacia. Pero, por Dios, no me déis nunca al hombre tieso y grave cuyo instinto más fuerte, o cuyo único instinto, es el de la respetabilidad, porque nunca sabré qué hacer con él, sino pedirle con todo fervor al cielo un rayo que lo parta o un infierno que se lo trague.     
     El hombre respetable no tiene su centro de gravedad en sí mismo, sino en los demás. Lo que los demás crean bueno, él lo tendrá también por bueno y lo convertirá en norma inflexible de su vida. En todo entierro vestirá de negro y hablará en voz baja, y parecerá triste, no porque le importe un comino la muerte o la vida de nadie, sino porque se trata de un entierro y otra conducta no sería decorosa. (A este hombre sangrigordo no se le cae nunca la palabra decoro de la boca). En una boda es diferente, en una boda le verán ustedes, eso sí, comedido y cuidadoso, como siempre, de su ropa y su ademán; pero estará animado, casi alegre, y hasta se permitirá un chistecito, el mismo chistecito discreto y recortado a tijera que soltó en la otra boda y que soltará en la venidera; porque hay que advertir que este hombre abominable va a todos los entierros y a la mayor parte de las bodas. Y lo mismo que en la boda y en el entierro estará en la tertulia de la botica, y en la iglesia o la logia, y en la audiencia, y en el teatro, y en la reunión social o política, y en la calle y en el trolley; y en donde quiera que esté o dondequiera que vaya, su preocupación única, avasalladora, perenne, será parecer bien, no desentonar, gozar de la buena opinión de las gentes. A él poco le importa ser: su único anhelo es parecer. Parecer serio, buena persona, formal, bien educado, intachable. De la misma manera que su traje no tiene una arruga, porque antes de ponérselo lo cepilló y lo limpió cuidadosamente, en su alma no hay jamás tumultos de ideas, ni surcos de melancolía o de inquietud, ni nieblas de recuerdos o de ensueños: todo en ella está en orden, todo clasificado, medido, catalogado, cepillado y limpio y colocado pulcramente en su sitio. ¿Hablar mal de nadie? Jamás. Esto compromete; esto puede traerle enemistades, malas consecuencias. Además, él no odia. No odia, porque no ama. Y no odia ni ama, porque esto de amar y de odiar nada deja, y él sólo está atento a aquello que deja. Además, amar y odiar requieren corazón, sangre, nervios, carne y hueso, hunanidad, y él no es un hombre, él es una máquina, un autómata, un maniquí siniestro hecho para simular acciones, palabras, movimientos, impulsos humanos; pero no para sentir o para pensar. Con la misma impasibilidad con que le coloca a un héroe una medalla en el pecho, o una corona al poeta, solicita una sentencia de muerte, o la pronuncia, o la ejecuta. Y este hombre condenado que jamás se sale de sí mismo, que jamás peca porque jamás siente; este hombre gris de alma glacial donde no hay nada verde; este autómata absurdo que cruza indiferente, insensible, muerto, por un mundo convulso de dolor, de anhelo, de miedo, de amor y de odio, de gozo y de rabia; este hombre de cemento que debiera llevarse a un museo o a la cárcel, es el que, por virtud de una organización social  estúpida e infame hecha para el triunfo de lo muerto, vence siempre, manda siempre, estrangula siempre a todos y estrangula a la Vida con el dogal inexorable de su criterio de egoísta inhibición, de cobarde negación, de vil y canalla y cochina conservación, que es lo mismo que decir estancación, tumefacción, putrefacción de todas las cosas.     
     Hombre ropero, hombre panteón, que le quieres imponer el ritmo de tu paso de momia a la vida, hombre respetable que me aburriste en el entierro y me sublevaste en la boda y me exasperaste en la tertulia de la botica, y me martirizas y me hielas con tu ropa y tu cara y tu ademán donde quiera que voy: si hay infierno y gloria, y tú -que jamás pecas- subes a la gloria, ya lo sabes: a tí y a nadie más que a tí le deberé el gran favor de encontrar simpático al demonio y de sentirme cómodo y contento y feliz en el infierno.





VOCABULARIO




  1.Reviente= Que desagrada, agobia, fastidia.
  
  2.Plaga= Calamidad, infortunio, desdicha.
  
  3.Jaguar= Persona cruel y sanguinaria.
  
  4.Sonada= Se dice de un hecho memorable divulgado con mucho ruido y admiración.
  
  5.Trapacista= Persona que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto.
  
  6.Zorro= Astuto, pícaro, taimado.    

  7.Avasalladora= Que tiene el poder para dominar.
  
  8.Desentonar= Discrepar, disentir, diferir.
  
  9.Tumultos=  Inquietudes, preocupaciones, curiosidades.  

10.Glacial=  Que no tiene afecto. 

11.Convulso= Crispado, conmocionado, alterado.

12.Cochina= Repugnante, repulsiva, despreciable.

13.Botica= Farmacia.